Los Fragmentos de Tracey
Director: Bruce McDonald
Intérpretes: Ellen Page, Ari Cohen, Tara Nicodemo
Productora: Shadow Shows
Duración: 77 min
Tracey es una niña de 15 años con todos los problemas que tienen las niñas de 15 años. No aguanta a sus padres, los compañeros del colegio se burlan de ella por no haber desarrollado pechos y se siente una incomprendida en un mundo que ni ella entiende. Sus conflictos interiores aumentan cuando desaparece su hermano pequeño. Los fragmentos de Tracey narra esa búsqueda fraternal entrelazando presente y futuro de la vida de una adolescente.
A priori, este argumento parece falto de originalidad ya que, películas sobre los problemas adolescentes, existen a patadas. Lo que hace de este largometraje un digno objeto de crítica es la imborrable experiencia que Bruce McDonald (haciendo uso de los fragmentos a los que se refiere el título) regala al espectador mediante una postproducción grandiosa.
Este año se ha hablado mucho sobre la polivisión, sobre todo después de que La Soledad se alzara con el Goya a la mejor película de 2007. Pues bien, si para algunos la polivisión resultó algo novedoso y gratificante, Los Fragmentos de Tracey o, mejor dicho, su director, nos ofrece la “macropolivisión”. Desde el primer segundo la pantalla se divide en varias parcelas audiovisuales, a veces de la misma escena, del mismo plano, y otras con momentos espaciotemporales totalmente incongruentes. No siguen ningún patrón ni lógica aparente aunque, me atrevo a decir, que Bruce McDonald sabía perfectamente a qué recuadro se dirigirían los ojos de los espectadores en cada momento.
Según la teoría baziniana, el montaje y los planos cortos privan al espectador de libertad ya que, en principio, se ven obligados a prestar atención a lo que el realizador quiere. Pues bien, el director de Los Fragmentos de Tracey da un giro a esa teoría y, filmando planos cortos y planos secuencia, ofrece la oportunidad de dirigir la atención a una infinidad de viñetas cinematográficas que él mismo ha diseñado. Eso es la máxima expresión de la libertad y la democracia fílmica. Si normalmente sólo podemos ver un plano, Bruce McDonald nos enseña hasta ocho.
Cabe destacar la introspección personal del personaje que interpreta Ellen Page. Con sus acertados diálogos y pensamientos transmite perfectamente las sensaciones juveniles de Tracey. La película sigue una clara corriente psicologizadora, donde todo el proceso de la quinceañera es interno. El ritmo frenético del cambio de recuadros ayuda a crear un sentimiento de angustia similar al que vive Tracey al no encontrar a su hermano.
La actuación de la ascendente actriz americana, Ellen Page, deja un tanto que desear. Puede que se deba a que repite un papel de adolescente con un carácter fuerte, igual que en las películas Hard Candy y Juno. Debido a sus grandes actuaciones en dichas películas, en Los Fragmentos de Tracey se le ha debido exigir un poco más. Sin embargo, se debe romper una lanza a su favor si se tiene en cuenta que el rodaje de la película sólo duró nueve días.
En definitiva, el largometraje narra avivadamente una historia que ni es nueva ni sorprende, pero el montaje posterior, que tardó en realizarse nueve meses, es toda una experiencia. Cabe advertir que se tiene que acudir al cine predispuesto a ver un formato audiovisual diferente. El constante cambio de atención a los diferentes espacios puede llegar a cansar si no se mantiene una mentalidad abierta.
Gorka Ortiz de Zárate Onaindia
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