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Pitos y palmas para Plan América,

Pitos y palmas para Plan América,

PLAN AMÉRICA , serie de televisión.
Director y productor: José María Cano
La 1 (Lunes 22:00), primera temporada


Suenan las trompetas. La plaza está a rebosar. Seis toros de lidia, seis, serán enjuiciados por su casta, valentía y saber estar. Seis toros (o a última hora y de propina se sumará alguno más) que pujarán por ganarse la indulgencia de los espectadores y la redención temporal. Palmas en la grada, el respetable acoge con recelo el primero. Sorpresa en el torero, su presa es de porte contemporáneo. Vacila el presidente, que antes de dictaminar sentencia, clava su atención en la faena. Y el toro; el toro se deja llevar porque la suerte está echada.
Así es, así suena la crónica televisiva de la televisión en España. Cada día, o cada noche en pleno prime-time en este caso, el público somete a juicio los contenidos que las seis cadenas nacionales y algunas regionales sacan a la palestra. Los televidentes son capaces de dar puerta a cualquier astado en un abrir y cerrar de ojos, gracias a ese atilugio llamado mando (a distancia); “yo Mando”. En ese sentido, los lunes se convierte en uno de los días de más competencia, y concurrencia en el ruedo. Últimamente pujan algunas películas, la serie de detectives líder en España (CSI), y un par de productos de factura nacional. Entre éstas últimas, está la nueva apuesta de Televisión Española: Plan América.
Cuatro cooperantes (dos médicos, una enfermera y un técnico de mantenimiento) llegan a la sede de una ONG en latinoamérica. Se trata de dar asistencia sanitaria en una zona de conflicto armado. Los nuevos visitantes se unirán al equipo que encuentran allí y entre todos, pondrán en bandeja los típicos enredos sentimentales y profesionales de este tipo de secuelas. Se combina, por cierto, dos recursos de solvencia demostrada: relaciones amorosas y casos médicos. Plan América cumplió sus expectativas en su primera entrega. Tuvo un voto de confianza y consiguió un digno cambio de tercio. Pero la estocada fue mortal en su última emisión (lunes 14 de abril) con un 8,6% de share, lejos del 20% cosechado por La familia mata y el 26% de CSI.
Rodada en las Islas Canarias (Tenerife), reproduce el ambiente hostil de la selva y el desierto sudamericano. Reúne, además, un buen elenco de actores, mezcla entre nuevas caras e interpretes curtidos. En este último grupo ubicaríamos a Pepe Sancho (Cuéntame), Elena Irureta (El Comisario) y Fernando Cayo (Siete vidas, El orfanato). Técnicamente se acerca a una estética cinematográfica, con planos dinámicos y dando una tonalidad ocre a la pantalla, que acierta al imitar el ambiente de la zona.
Pese a elogiar sus atributos positivos, los actores, su factura técnica, su guión plagado de tópicos pero tolerables y entretenidos... ¿porque fracasa? Precisamente por eso. Porque la calidad es un elemento prohibido en la televisión española. Porque el espectador castizo sigue queriendo un producto rudimentario, de andar por casa, con tramas sacadas del costumbrismo español, personajes estereotipados hasta rozar lo histriónico. Porque en nuestras plazas, los pañuelos blancos y las dos orejas se lo lleva la “telebasura” que nadie ve pero no es invisible, porque nunca desaperece. Porque el espectador tarda dos programas en husmear el tufo intelectual de una serie y por eso la descarta. Porque algo como Plan América, que mira de reojo e inconscientemente hacia una revisión del colonialismo español, escuece en las retinas de aquellos que nunca fueron capaces de asumir sus errores. Por todo ello, fracasa.
En cierta manera, y visto el panorama, el esfuerzo que hace la cadena pública por no compartir el barro con la competencia es loable. Parece que periódicamente se acuerda de sus responsabilidades y estrena un producto correcto, dentro de cada género. Pero su ruedo nunca cuelga el cartel y sobran las entradas. Fracasó Made in China, un programa de humor “inteligente”, o Vientos de Agua, una perfecta puesta en escena de un episosio histórico por parte de Juan José Campanella, por poner algunos ejemplos.
La televisión dejó hace tiempo de ser educativa, cuando la competencia se percató de que los teóricos se equivocaban: la pequeña pantalla era, y es, el espejo de nuestro subscosciente más absurdo, más inculto y más chabacano. Tampoco pretendamos que el aparato reemplace la plaza pública donde verdaderamente se debaten los temas de interés nacional, el bar y su “cañitas”.
A todo toro le llega su... santo. En este caso, tuvo una vida breve. Plan América se salvó por ser un novillo que prometía. Pero en la arena televisiva, así como en el toreo, poco tiene que decir el animal. El futuro de su carne no lo decide él, por muy jugosa y digna que sea. Pronto, el presidente devolverá el astado muerto a chiqueros, y sólo los críticos abandonaremos nuestras butacas para aplaudir su renovada entereza. Ojalá nos equivoquemos.

Julen Orbegozo

Thank you for smoking

Thank you for smoking

 

Thank you for smoking

(USA, 2005)

Director: Jason Reitman

Actores: Aaron Eckhart, Maria Bello, Katie Holmes, David Koechner, William H. Macy, Rob Lowe, Robert Duvall, J.K. Simmons, Adam Brody, Cameron Bright

 

La industria divertida de la muerte 

Nick Taylor es uno de las personas más detestados en América. El no es un político, él lanza voleada la industria de tabaco. Es un excelente orador y vive por su lema: usted no tiene que tener razón, se tiene que demostrar que otros no tienen. 

La película Thank you for smoking está llena de las escenas satíricas, en cuáles conversaciones son muy creíbles. El tabaco está presente por todas partes, aunque ni un cigarrillo sea fumado en la película. Thank you for smoking no es realmente acerca de tabaco mismo, pero acerca de la actitud la sociedad norteamericana tiene hacia el fumar. 

El director y el guionista Jason Reitman he tenido éxito hacer algo que no muchas películas pueden actualmente: Muestre la alternativa, el lado relativamente hilarante de un asunto polémico. El ha hecho a Taylor un carácter adorable con un trabajo no-apreciado, y la película entera es realmente acerca de vida personal de Taylor, sus asociaciones con otras personas - como "hombre de Marlboro" que se muere del cáncer (Sam Elliot) y productor de pro-tabaco Hollywood Jeff Megall (Rob Lowe). El contraste a su éxito es su lucha en ser un padre bueno y profesional respetado aunque él sea detestado por todas partes adónde él va. 

Taylor se siente muy bien sólo con su collegues, la cabildera de alcohol Polly Bailey (Maria Bello) y el representante de la industria de armamentos Jay Beatitud (David Koechner), con quienes Taylor queda de discutir una vez a la semana de las estrategias de mortalidades y defensa de sus industrias. Irónicamente, ellos llaman a sí mismo Comerciantes de la muerte. El adversario principal de Taylor es senador sencillo K. Finistirre (William H. Macy) pero batalla más grande Taylor tiene cuando él trata de enseñar los diferencias entre el derecho y la injusticia, bueno y malo a su hijo, durante su viaje para presionar tabaco en Hollywood. 

El complot arrolla lisamente y las escenas cambian perfectamente, pero lo mejor de la película es los caracteres deliciosos que dan carne a la historia. Aaron Eckhart como Nick Taylor hace probablemente el mejor papel de su vida; nosotros estamos acostumbrados de verlo en comedias románticas. Joven talento Adam Brody como un ayudante hiperactivo convence la audiencia pero Katie Holmes que juega una periodista astuta probablemente fue elegida a la película resultado de su cara inocente más que de su habilidad de la actuación. Los actores mayores de Macy a Robert Duvall brillan en la película. 

Thank you for smoking es difícil clasificar; no es un drama ni una comedia o una pura sátira: tiene los elementos de todos. Eso es probablemente la única razón por qué algunas personas no les gusta la película: es diferente de lo que un teleadicto medio miraría normalmente. Define la sociedad y la cultura norteamericana sin predicar o juzgar y eso es lo que hace esta película tan entreteniendo. 

Anna-Maija Naakka

 

Título: 21 Black Jack

Año: 2008

Duración: 123 minutos

País: EUA

Director: Robert Luketic

Reparto: Jim Sturgess, Kate Bosworth, Laurence Fishburne, Kevin Spacey, Liza Lapira, Josh Gad, Masi Oka, Aaron Yoo, Sam Golzari

Productora: Columbia Pictures

“A ganar, a ganar, pollo para cenar”. Con esta frase empieza la videoclipera película 21 Black Jack que nos cuenta como llegaron un grupo de jóvenes ha convertirse en expertos contadores de cartas para ganar en los casinos (bueno, de hecho en un único casino, al que siempre acuden, en el que siempre ganan y de donde nunca los echan).

Ben Campbell es un tímido y brillante estudiante de la Universidad de Massachussets que encuentra la manera de pagarse la matrícula entrando a formar parte de un grupo de dotados estudiantes que viajan a Las Vegas cada fin de semana con el único objetivo de hacerse ricos jugando al Black Jack, poniendo en práctica las tácticas estadísticas que su brillante profesor de matemáticas, interpretado por Kevin Spacey, les ha inculcado.

21 Black Jack hace del juego sucio y la avaricia por ganar su línea argumental. Una línea bastante simple, un profesor que recluta a sus alumnos más dotados para vencer el sistema, y a partir de aquí todo previsible. Niño estudioso pero un poco patoso se enamora de chica lista y guapa. Acaban juntos. El chico deja de lado a sus amigos empollones para juntar-se con la jet-set de la universidad y ganar “pasta” a saco. Los pillan. Hacen unos trueques con la policía, i el cabecilla, el profesor de matemáticas, acaba arrestado y ellos libres como alegres pajarillos preparados para volver a formar un nuevo equipo, eso si, con la pandilla de los empollones. Es decir, nada que no hayamos visto hasta el momento.

Quizá, lo más interesante que presenta la película es la táctica que usan para contar las cartas, aunque la manera de explicar-lo no queda del todo bien resuelta y las explicaciones no se hacen cercanas ha gente que no conozca formulas matemáticas. Por lo demás, las tácticas y señales que usan para indicar a los jugadores que la mesa esta caliente resultan demasiado evidentes e incluso cómicas, dando a veces la sensación de novatos, cosa que en la película queda claro que no son ya que llevan tiempo burlando al sistema. Resulta inverosímil pensar que nadie se da cuenta de que juegan en equipo ya que siempre están juntos, llegan juntos al hotel, están juntos en la discoteca…y todo ello en el mismo casino fin de semana tras fin de semana. Si bien es cierto que usan disfraces, pero hay que ver, con una peluca i un bigotillo lo solucionan y eso les permite burlar el detector facial que se supone tan potente y eso junto con lo gestos hacen perder credibilidad a la película y que al final te la acabes tomando un poco a risa.

Otro punto que afecta negativamente a la película es su duración. Creo que le sobra la media hora en la que solo nos enseñan como juegan una vez y otra vez sin aportar nada nuevo al argumento y al desarrollo de la película. Sin esa media hora, la película ganaría más en ritmo, que en un principio lo tenía pero que se ve cortado por esa innecesaria media hora en la que no pasa nada, porque ya vemos durante todo el film como juegan y también ganaría en interés.

En cuanto a las localizaciones, la mayor parte de la película transcurre en el Casino de Las Vegas y un poco en la ciudad, cosa que dota a la película de la exuberancia de la cual goza la ciudad y le da ese punto de lujo que requiere cuando todos van ganando dinero, se van de fiesta, grandes comidas, grandes compras… el despilfarro de los nuevos ricos, cosa que también transmite la ciudad. El resto de la película transcurre en Massachusets, una ciudad hibernal y gris que le aporta a la película ese ambiente de que siempre todo es lo mismo, una sensación de rutina que también quiere transmitir el film cuando Ben Campbell vive allí, dando una sensación aburrida de la ciudad y a su vez de su vida.

En cuanto al reparto de actores, se nos hace raro ver a una Kate Bosworth de chica lista, aunque los tópicos también están para romperlos pudiendo decir que su interpretación, como la de los demás, es correcta. No hay nadie que sobresalga, ni siquiera el gran Kevin Spacey, que también estuvo correcto, aunque en su caso he de decir que durante el transcurso de la película me transmitía sensación de inseguridad, de desconfianza, y esa sensación se hizo realidad cuando quiso hacerles la pirula a sus discípulos, y creo que eso es bueno, que un actor te transmita algún tipo de sensación que sea acertada con sus actos e interpretaciones ya que si luego se transmiten al público es un triunfo para el actor y un reconocimiento a su trabajo de interpretación.

 Aunque el ritmo no es todo lo acelerado que cabria esperar la película tiene dinamismo y eso hace de ella un film con un evidente carácter de entretenimiento que no lleva detrás un gran trasfondo. En definitiva, una película recomendable para pasar un buen rato entretenido, pero nada más.

Esther Huguet

 

CONNEXIÓ MADRID

CONNEXIÓ MADRID

Documental de Justin Webster

España, 2007, 90 min.                                               

Proyección y presentación del director en el ciclo  

Documental + debate de la Obra Social “la Caixa”

 

Un (des)enfoque alternativo de los atentados del 11-m

 

 

 

La denominación que algunos otorgan a nuestra sociedad, la “sociedad de la información”, encierra algunas contradicciones que se manifiestan en ciertos momentos. Por ejemplo, existe la posibilidad de que el ser humano se vea colapsado por tanta imagen, tanta palabra o tanto mensaje, venga de donde venga. Por lo tanto, acaba por desdeñar las fuentes de información y por ende, desenfocando determinados objetos y sus contextos. Eso es lo que ocurre, precisamente, con algunos  de los conflictos contemporáneos. Entre ellos, el tema que trata el documental Connexió Madrid, los atentados del 11 de marzo del 2004.

            “Aunque hubiera mucha información, tenía la impresión de que, yo y como yo mucha gente, seguíamos sin entender lo que realmente sucedió”. Seguramente, el propio Justin Webester acertó a la hora de explicar sus motivaciones de realizar este trabajo.  Muchos españoles tenemos la sospecha de que existen en nosotros mismos, una serie de lagunas informativas como ésta. La sensación de que la guerra abierta por los grandes grupos mediáticos hacen que la realidad sea enfocada de manera precaria. Son las dos Españas, con sus respectivos medios y aparatos ideológicos, que acaban por marear al ciudadano.

            En los atentados llevados a cabo el 11 de marzo del 2004 hubo 10 explosiones y 192 muertos. Esos podrían ser un par de datos rigurosos. Para conocer el resto, existen diversas fuentes con diferentes versiones. Desde la que ofrece el juez, hasta la de los dos bloques mediáticos que defienden su hipótesis, más o menos cercana a la sentencia judicial. En ese sentido, Connexió Madrid supone una tercera vía puesta al servicio del ciudadano interesado en conocer el porqué de aquel suceso. De esta manera, Justin Webster consigue mantener un punto de vista equidistante con respecto a la guerra medíatica. De hecho, conoce de cerca el “mundillo”, ya que es periodista del diario londinense The Independent y autor en Catalunya del documental para la BBC  “En las entrañas del Barça”. Dicho sea de paso, pone sus habilidades profesionales a nuestro servicio, haciéndonos el gran favor de resumir el informe de 100.000 páginas que recogen la investigación de aquel acontecimiento, y contárnoslo en apenas hora y media.

            Webster envuelve el discurso en una estética audiovisual semejante al género policiaco. Al fin y al cabo, se pasó dos años investigando como un detective para descubrir quienes fueron los dos cerebros de aquella masacre. Después, continuó sus pesquisas, consiguiendo entrevistas exclusivas e inéditas para el espectador. Como por ejemplo, una de las voces que más presencia tiene durante todo el relato: la novia de uno de los supuestos asesinos, que reconstruye los últimos años de su vida antes de ser inmolado. El relato se completa con imágenes de archivo y subtítulos indicativos que emergen mecanografiados en pantalla. Otro guiño al género, que permite al espectador introducirse en el relato, como si estuviera disfrutando de un episodio de “Se ha escrito un crimen”.

            Pero en esa obsesión por la estética de novela negra y la acumulación de información que se va destapando, en ciertos momentos el documental resulta caótico. El espectador se siente abrumado. Por otra parte, se plantea la reconstrucción de dos personajes, Sarhane y Jamal, sin contar, evidentemente, con la presencia de ninguno de ellos, ambos suicidados. Por eso juega con ciertos recursos que incomodan al público. Por ejemplo, desenfoca o difumina las imágenes en las que el actor que hace de “doble” de ambos protagonistas aparece en escena. A partir de cierto momento, uno se pregunta si sufre una maldita miopía repentina. Webster es consciente de que el ciudadano es un poco cegato, y acierta a la hora de apuntar que la realidad nos llega desenfocada. Pero tampoco es cuestión de castigar al personal sugiriéndole que visite al oftalmólogo.

            Connexió Madrid ayuda a entender lo que sucedió en Madrid. No sólo porque se mantiene equidistante respecto a la intoxicacón medíática o a la rigidez de la sentencia judicial. Sino porque también responde a otra gran pregunta: ¿Qué le impulsa a alguien a hacer algo así? Justin Webster explica como radicales islamistas de diferentes extratos sociales acaban confluyendo para preparar una de las mayores masacres de la historia reciente de España. Para ello, la biografía de los dos cabecillas es representada mediante una proyección minuciosa de los perfiles psicológicos de ambos. En fin, toda una labor psicoanalítica, cuyo fruto vemos plasmado en la pantalla.

En todo este camino, nos plantea una tercera nada desdeñable: el proceso de adpatación de los inmigrantes a la cultura occidental. Casi todos los consiguen, y conviven respetuosamente en su nuevo contexto. Sin embargo, existen excepciones que pudren la imagen de esa mayoría. Ese fracaso no es exclusivamente culpa de ellos.

En fin, Justin Webster incluso se permitió el lujo de regalar otra reflexión redonda, como si la cosa no fuera con él: “La lucha política ha sido terrible, pero lleva a caminos inútiles”, dijo en referencia a la guerra de las dos Españas con respecto al 11-m. Tiene toda la razón. Aquella guerra nos lleva por caminos equivocados y destinos interesados a seres inútiles. Como todos los que nos hemos dejado embaucar por los distintos discursos. Si nos lo hubiera dicho antes, habríamos dejado de invertir tiempo leyendo diarios y habríamos ido directamente a algo más eficiente. Como por ejemplo, el visionado de este documental.

Julen Orbegozo

           

 

 

Lo nuevo nuevísimo de Madonna

Lo nuevo nuevísimo de Madonna

 

4 minutes - Madonna

http://www.youtube.com/watch?v=1h5HMnR69vQ

Este sencillo es la carta de presentación del undécimo trabajo discográfico de la polifacética cantante. La canción se estrenó en las radios a nivel mundial el 17 de marzo y el videoclip se pudo ver el pasado 3 de abril por primera vez comprándolo por iTunes Store. Al día siguiente, día del lanzamiento comercial, el vídeo estaba disponible en muchísimas páginas de internet.

En esta ocasión, Madonna comparte protagonismo con Justin Timberlake y Timbaland, de la misma manera que ya hiciera en su día con artistas como Britney Spears (Me against the Music) y Ali G (Music). En su CD también cuenta con colaboraciones por parte de Nate y Pharrel Williams, dos de los actuales iconos de la música R&B.

El vídeo ha sido dirigido por Jonas & François, un dúo francés responsable de vídeos como "The Good life" the Kanye West o "D.A.N.C.E." de Justice. En ambos se puede apreciar la importancia del color y la postproducción con After Effects. Los directores, en el vídeo de "4 Minutes" se han alejado de la creatividad y las tipografías llamativas para darle protagonismo a Madonna, Timberlake y al prisma negro que "acabará con el mundo en 4 minutos".

La trama se centra en el fin del mundo, que viene provocado por la expansión de un ente negro que devora todo y cuanto se encuentra en su camino. Madonna y Timberlake tienen 4 minutos para intentar salvar el mundo, de ahí que gran parte del vídeo se la pasen frente a un cronómetro que inicialmente marca 4. Se supone que los dos artistas son superhéroes que van evitando al ser malvado hasta el final.

La verdad es que el vídeo no está a la altura ni de Madonna, ni de Justin Timberlake ni de Timbaland. Acostumbrados a la faceta reivindicativa de Madonna en los años ochenta, a la posterior consagración como reina del pop en los noventa y a la resurrección de una cincuentañera más marchosa que nunca hace tres años con el CD "Confessions on the Dance Floor", esta historia me sabe a poco. Se pasan demasiado tiempo frente al reloj, apenas bailan y, la escena en la que saltan de un coche a otro, es digna de un Spaghetti Western. Creo que Madonna puede presumir de mejores vídeos recientes como los recordados "Time goes by (so slowly)" y "Jump", en los que, aparte de lucir una escultural figura (igual que en "4 minutes") se movía como una ferviente adolescente.

Por otro lado, la colaboración de Justin auguraba mucha sensualidad, elegancia y grandes dosis de baile. Decepción. Ni siquiera el ex componente de ‘N Sync cumple con las expectativas y baila TÍMIDAMENTE durante muy pocos segundos, nada que ver con su mítico "Rock Your Body". Tras su último CD "I'm bringing Sexy Back" se había convertido en el rey del Pop actual y, en esta ocasión, ejerce más de principito.

La coreografía corre a cargo de Jamie King, colaborador habitual de Madonna y responsable del vídeo "Sorry" y de las tres últimas giras de la estadounidense. A pesar de otorgarle velocidad y ritmo a la historia gracias al constante y rápido cambio de planos, los movimientos de los artistas resultan lentos. No casan con la acción propuesta por los directores al tratarse de una de superhéroes e intenta otorgar una belleza innecesaria a los gestos.

En cuanto a la edición y el montaje lo veo bastante correctito, sin haberse roto demasiado la cabeza y sin incorporar ninguna novedad técnica. Lo más destacable es el diseño del prisma negro y la distorsión formada tras su paso, ya que la pantalla que muestra el reloj carece totalmente de ingenio y creatividad. Además, la escena de las cintas del supermercado parece calcada del famoso vídeo "Here it Goes Again" de Ok Go, muy popular en YouTube.

http://www.youtube.com/watch?v=pv5zWaTEVkI

Puede que por el hecho de tratarse de Madonna la espera siempre sea más exigente, pero también por el hecho de ser ella, las expectativas deberían cumplirse con creces. Se le intenta dar un toque de modernidad a la propuesta que deja mucho que desear, dejando claro que se ha rodado en interiores con excasos decorados.

Personalmente me gustaría subrayar la actuación de Timbaland que, en apenas diez segundos, cumple notablemente con su papel, introducir a dos grandes de la música actual. El cantante lleva colaborando con Justin Timberlake y Nelly Furtado en sus dos últimos trabajos y se está labrando una carrera respetable y exitosa.

Lo mejor de la colaboración es la propia colaboración; ver a Madonna compartir escenario con Justin. A lo mejor por eso la trama, la realización y la historia han pasado a un 2ª plano. Espero que en los próximos vídeos de Hard Candy Madonna nos vuelva a sorprender como lo hizo en las interpretaciones de "Frozen", "Nothing Really Matters", "Hollywood", "Time goes by (so slowly)" y "Jump".

 

Gorka Ortiz de Zárate Onaindia


 

Conferencia inaugural de la exposición fotográfica Imatges 2007 en Caixa Tarragona

Conferencia inaugural de la exposición fotográfica Imatges 2007 en Caixa Tarragona

´La perseverancia del periodista freelance, como testigo de lo éxotico

Xavier Cervera Fotoperiodista – Freelance.

Publica principalmente en La Vanguardia, pero también en revistas como Geo, Times o publicaciones internacionales como El Clarín o The Independent. 

Caixa Tarragona acaba de inaugurar en colaboración con el Colegio de Periodistas de Tarragona su séptima exposición dedicada al foto-periodismo. Este año, la entidad dejó en manos de Xavier Cervera la sesión inaugural. 

Cervera es el perfecto paradigma de una de las especies en auge del periodismo contemporáneo. Pese haber existido mejores y peores épocas, la precariedad económica ha sido una de las características de los profesionales de los medios de comunicación. Hay jóvenes que prefieren recibir teletipos,  maquillarlos discretamente y luchar desde un sillón para conseguir un sueldo digno. Hay quienes se patean las calles de su pueblo/ciudad y repiten año tras años las idénticas ruedas de prensa. Así se van ganando el pan, o por lo menos, meriendan en las diversas cuchipandas organizadas por las instituciones públicas. Otros, sin embargo, cambian el cuaderno por una mochila y compran un billete de avión para intentar abrirse camino.

Todas las opciones son legítimas y aceptadas, ya que hay públicos para todos los gustos. A algunos les “chifla” saber de que color llevan los calcetines nuestros políticos, y otros se emocionan percibiendo el aroma y color de lugares exóticos. Xavier Cervera, como tantos otros “freelance” de este mundo, es uno de los emisarios de este grupo de personas que se interesa por lo que sucede en tierras lejanas. ¿Alguno se imagina el mundo de la comunicación sin la información recibida a través de estos corresponsales? Podría suceder. Pero seguro que nuestros conocimientos serían más manipulados, si ya no lo son en exceso.

El “background” de Cervera se ha forjado en viajes que desde los 19 años le sacaron de su casa. En 1994 estudió fotografía y dos años más tarde realizó su primer viaje a Sarajevo. Enfrascado en un proyecto destinado a la ayuda humanitaria, aprovechó para comenzar a poner en marcha su cámara fotográfica. A partir de aquí, comenzó a ofrecer sus trabajos a La Vanguardia.

Sus fotografías destacan por tener cierta intencionalidad generada por la mirada a través de su objetivo. Combina elementos, ya sean personas u objetos, en espacios cerrados o abiertos, y los ubica en su encuadre de tal manera que no queden huérfanos de sentido. Tiene especial fidelidad por las señales de tráfico, que las coloca al lado de los políticos para no dejar demasiados cabos sueltos a la interpretación del espectador. Tampoco escatima esfuerzos a la hora de escoger el contexto. En su intervención explicó que para retratar al director de cine Bosnio Emir Kosturica en un viaje a Valencia, tuvo que pasear durante algunos minutos hasta llegar a un barrio degradado de la urbe. Allí, en una vieja y agrietada pared, encontró el lugar idóneo para pedir que posara para él. Las brechas quedaban incrustadas detrás del rostro de Kosturica, construyendo un paralelismo con la situación de su país tras la guerra. 

Según la muestra ofrecida en la conferencia, su primer trabajo de envergadura estuvo relacionado con una “percha informativa” (buen concepto para periodistas en potencia; significa aprovechar una efeméride para publicar información relacionada con un acontecimiento concreto). Le tocó retratar la rutina de los Bosnios 500 días después de haberse firmado la paz en el conflicto.

Después emigró a Gran Bretaña, metiendo su cámara en el equipaje como mejor acompañante. Algunos fines de semana se escapaba a Liverpool para reproducir instantáneas relacionadas con los ídolos de medio mundo: Los Beatles. Tampoco dejó caer la “percha” del armario informativo y se sirvió de la conmemoración de trigésimo aniversario de la banda británica para ver reflejado su erfuerzo en La Vanguardia.  S

u primer viaje de tintes profesionales y miras periodísticas fue el “Irish Trouble”. Es decir, adentrarse en tierra hostil irlandesa y conseguir unas imágenes originales y publicables. Difícil tarea en aquel mes de invierno, ya que la luz solar en suelo británico apenas duraba “tres o cuatro horas”. Hubiera tardado muchos días en analizar las situaciones, estudiar las perspectivas, realizar pruebas, etc. Pidió más tiempo en la redacción, que ya comenzaba a contar con él entre sus fotógrafos. Se lo denegaron: “ya puedes ir allí en barco a pie o como te de la gana” – le dijeron en la redacción – y cogió su aparato para afrontar el reto. Menos mal que le enviaron “con una patada”, porqué la situación le hizo madurar, si no artísticamente, sí como profesional del periodismo. Ideó la solución: “caminaba de noche y miraba los sitios que quería fotografiar. Después volvía cuando salía el sol y sacaba las fotos” relata Xavier. Allí cosechó múltiples imágenes, gente, objetos, detalles…que fueron publicados en la Revista de La Vanguardia.

Pero no se anticipen al ocaso de la precariedad. Cobrando “en negro” todavía, se veía obligado a meter horas de camarero para subsistir en algún pub londinense. De paso, aprovechaba para aprender inglés. Fue tras la cosecha irlandesa cuando los superiores del diario Catalán comenzaron a confiar en su “gatillo”.

El primer encargo le llegó vía e-mail, entre tazas de café y pintas de cerveza. Y fue otra “percha” que sirvió para que el catalán colgara definitivamente su delantal de camarero. El leit-motiv de aquel encargo era el siguiente: “¿Cómo viven los ingleses un año después de la muerte de Diana?”Cervera demostró que su labor periodística no se limitaba a pulsar el botón. Tuvo que documentarse, echar mano de la creatividad, tener dotes de relaciones públicas, para conseguir retratar aquella sociedad británica. Fotografió desde el propio mausoleo de la princesa hasta algunos fanáticos que conoció gracias a páginas web. Todo ello pasando por productos como un envase de mantequilla encontrado en el último departamento de la nevera, que pertenecía a algún compañero de piso. La relación entre la Lady Di y la margarina era la marca que rezaba la carcasa: Diana.

A partir de ahí, la lista es larga. En el 98, por ejemplo, la todavía no tan anciana refunfuñona Doris Lessing le recibió en su casa. Cervera disparó como un poseso, obteniendo todo tipo de fotos de objetos y retratos de la protagonista. Más tarde, cuando Lessing recibió el Premio Nobel de Literatura (2007) se acordó de aquel archivo que guardó por “deformación profesional”, “porque nunca se sabe” y publicó una selección. Después cruzó el charco definitivamente, para asentarse en suelo catalán.

En el nuevo siglo podemos disfrutar de su obra, a diario, en La Vanguardia. En la conferencia pasó algunas fotos de sus reportajes, como por ejemplo, el realizado a unos toxicómanos en un barrio deprimido de Barcelona. Pero Cervera tampoco renuncia a sus orígenes nómadas. De hecho, cerró su conferencia enseñando instantáneas recogidas en un breve periplo por motivos personales en China. Mucha de las fotos las hizo por azar. “Hay que romper con el mito de que para hacer buenas fotos hace falta una cámara profesional” aseguró rotundamente. Su cámara compacta le sirvió para ilustrar algún dominical. “Eso sí – advierte Cervera – vayas donde vayas nos dan más calabazas a los fotógrafos, porque la gente se pregunta qué es lo qué vas a hacer con las fotos después”. Internet ha encendido la picaresca de todos, parece ser.  

Julen Orbegozo Terradillos

EN EL PUNTO DE MIRA (VANTAGE POINT)

EN EL PUNTO DE MIRA (VANTAGE POINT)

Tiro fallido

Ver cómo abaten al presidente de los Estados Unidos en territorio español, mientras Eduardo Noriega pasa por ahí, parece haber sido aliciente suficiente para que la película dirigida por Pete Travis (Omagh) alcanzara el primer puesto de la taquilla en su semana de estreno. El público español ha apreciado que Hollywood haya tenido el detalle de situar otra de sus historias conspiratorias en un marco tan querido como el de la Plaza Mayor de Salamanca, aunque esa Plaza Mayor esté en realidad reconstruida en México, aunque los agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional del film nunca hayan pisado la madre patria y aunque se muestre cómo un país que sufre el terrorismo fuera de la pantalla dentro de ésta no es capaz de prevenir el ataque más previsible de todos.


En el resto del planeta, sin embargo, a priori lo interesante de la película era la propuesta formal, junto con un reparto de lujo. El film narra cómo el presidente de los Estados Unidos es asesinado en plena Plaza Mayor mientras da un discurso en una conferencia de paz sin precedentes sobre el terrorismo. Hasta ahí, nada nuevo. Lo intrigante era ver cómo Travis, contaba la historia a través de ocho relatos, ocho puntos de vista, emulando el “Rashomón” de Kurosawa o la más reciente “Corre, Lola, corre” del alemán Tom Tykwer. Pero el tiro le ha salido por la culata al inglés, aunque tal vez no deba recaer toda la responsabilidad en el director, y es que el guión de Barry L. Levy deja mucho que desear. ¿Acaso era necesario repetirse ocho veces cuando la mitad de los personajes no tienen nada que aportar a la historia? Sin duda, NO.


El film comienza de manera sugerente. El director se pone en la piel del personaje interpretado por Sigourney Weaver, la realizadora del informativo que de fe del evento y pone las cartas sobre la mesa. “Al igual que ella, decido que cámara pinchar, que punto de vista mostrar, decido quien os contará la historia". Y los primeros narradores cumplen con su papel: nos sitúan a los “buenos”, a los "malos” y al turista, interpretado con gran solvencia por un Forest Whitaker siempre cumplidor, que se sitúa en medio de los dos bandos. El problema llega cuando el espectador tiene que volver a tragarse la historia sin que se le explique nada nuevo y el triángulo subjetivo se convierte en un poliedro que desconcierta a cualquier matemático. El turista y la madre con su hija son, al igual que el presidente (William Hurt) y el escolta (Dennis Quaid), o el policía corrupto interpretado por Noriega y el cabezilla del grupo terrorista, el mismo punto de vista subjetivo. El espectador llega a tirarse de los pelos cada vez que la cinta empieza el rebobinado para volver a empezar.


Y de pronto, el guión de Levy no es capaz de contar el post-asesinato con la misma fórmula formal que es la razón de ser del film, y éste se convierte en un Bourne de Greengrass. En favor de Travis hay que decir que las persecuciones están bien resueltas, con ritmo frenético y mucho pulso. Sólo que para variar, el Opel Corsa que coge prestado el escolta encarnado por Quaid, pasa por el taller de chapa y pintura unas cuatro veces en cinco minutos de persecución. Sin embargo, la trama hace aguas por los cuatro costados. El personaje de Whitaker se convierte en reportero vocacional y sigue a los terroristas, cámara de turista en mano, recorriendo media ciudad para en el último momento, llegar a salvar a la niña a la que le chafó el helado en la plaza, de la ambulancia que la está apunto de atropellar, que resulta ser el vehículo que los terroristas utilizan para escapar. ¡De película! Nunca mejor dicho. Los encuentros fortuitos y golpes de suerte imprescindibles en los films de acción, resultan simpáticos cuando las protagoniza John McClane o Ethan Hunt, pero resultan irrisorios en personajes de carne y hueso sin título oficial de héroe.


Dentro del reparto estelar, cabe subrayar la labor de un Dennis Quaid carcomido por las dudas y la inseguridad, que resulta ser el único personaje de la película con algún matiz destacable, mientras que William Hurt se une a la ilustre lista de actores que encarnan al presidente de los Estados Unidos, con una actuación más que correcta, pero sin llegar a su nivel usual. En un escalón más bajo, Matthew Fox aprobecha el éxito de la serie “Lost” para relanzar su carrera en la gran pantalla sin mucho brillo. Y no podemos olvidar a Eduardo Noriega, quien da el primer paso hacia Hollywood en un personaje que tranquilamente podría no existir y que siguiendo la corriente de los últimos años en el doblaje español, se dobla a si mismo con un resultado mediocre.


Un experimento que se ha quedado en agua de borrajas, debido a la excesiva ambición en el sentido cuantitativo de la propuesta y al pobre guión que a mitad de camino desiste ante la dificultad de la empresa encomendada. Una película que confunde el puro entretenimiento artificioso con el cuento predilecto americano del héroe que todos llevamos dentro.

 Aitor Abaroa Sesma

Starship TroopersNens guapos i mimats es converteixen en herois d’una societat feixista 

Títol: Starship Troopers

Director: Paul Verhoeven

Actors: Casper Van Dien, Michael Ironside, Dina Meyer y Denise Richards

Any: 1997Basada en la novel·la homònima de Robert A. Heinlein Ja fa bastant temps que no vaig al cine, la última va ser No Country for old man, y el que passen últimament per la televisió no m’emociona ni per fer una mala crítica. Així doncs, veient el que hi ha he decidit treure del bagul dels records una pel·lícula que vaig veure ja fa algun temps.

Una mica d’antecedents fílmics. Starship Troopers pertany a la filmografia del director holandes Paul Verhoeven, creador d’altres films de ciència ficció coneguts per tothom com: Robocop o Desafio Total. Però també es conegut per dirigir pel·lícules com: El cuarto hombre o Instinto Basico, entre d’altres.Starship Troopers va ser rodada desprès del fracàs comercial de Show Girls. La pel·lícula està basada en la novel·la homònima de Robert A. Heinlein, tot i que en diversos articles apareguts a posteriori es deia que la novel·la de Heinlein estava totalment distant a la pel·lícula i que només s’havia copiat el títol. Es més, segons el propi Verhoeven, no va acabar mai de llegir la novel·la ja que l’avorria soberanament. Així doncs, ¿com es pot rodar una pel·lícula basada en una novel·la que n’hi t’has acabat de llegit?Però la pregunta potser seria, ¿com he arribat a veure jo aquesta pelí? Doncs un amic la veu, te la comenta (a la seva manera), creus que pot estar bé, la busques per un diumenge avorrit , et costa, la trobes, la mires.... i el diumenge ha passat igualment avorrit. 

Però endinsem-se en el film. La pel·lícula de Verhoeven es realment ambigua, complexa y la podríem encasellar en diferents gèneres cinematogràfics més enllà del de ciència ficció, com per exemple pel·lícula d’adolescents, telenovel·la, documentals vèlics de la Segona Guerra Mundial o noticiaris televisius.  Així doncs, no podem dubtar que es un film polimòrfic que permet diferents lectures segons el gènere que tracta i a més va dirigida a un públic ampli ja que combina escenes de guerra amb relacions adolescents, la comèdia, etc... En realitat, lo que l’autor vol, es parodiar els generes que apareixen al film hi ha la vegada fer una crítica ha una societat els ideals de la cual són els propis dels nazisme.  L’autor situa l’acció del film en el segle 23, en un món descrit per un sistema polític basat en l’ individualisme extrem que ratlla els  feixisme i en el que només els que  ingressen a l’exèrcit  són considerats realment ciutadans i tenen dret a vot. Podem dir d’aquesta manera que el patriotisme i el militarisme s’exageren fins al punt que se’n fa burla, com ja hem dit anteriorment. 

Si parlem dels personatges, podem dir que són estereotips de joves atractius y perfectes sortits de qualsevol sèrie per adolescents americana i que com en aquestes avancen. Aquests es caracteritzen per una inexpresivitat facial, com en les mencionades series americanes, mostrant expressions molt supèrflues de felicitat, horror, por... Entre la varietat de personatges podem trobar el típic “empollon”, el noi guapo, la noia freda e intel·ligent i també la noia que sempre ha volgut sortir amb el protagonista. Hem de dir també sobre els personatges que provenen de diferents paísos, cosa que podem deduir per la gran varietat de noms espanyols e anglesos (Carmen Ibañez, Johnny Rico, Dizzy Flores, Carl Jenkins), per lo que es deixa entreveure una abolició de les diferencies culturals, cosa que dona lloc a la globalització cultural. A més, tracta amb total indiferència els temes sexuals veient d’aquesta manera com els personatges comparteixen la dutxa amb total normalitat sigui quin sigui el seu sexe. 

Tot això ens dona mostra d’una societat democràtica en la que han desaparegut les diferencies culturals i sexuals, tot i que això només es de manera aparent ja que darrera s’amaga tot un conglomerat d’interessos militars que indueixen al ciutadà a oferir la seva vida per la pàtria. Per tant, y tornant al que ja havíem comentat anteriorment, darrera aquest món feliç s’amaga una societat ultrapatriotica i feixista.  Sobre l’argument de la pel·lícula podem comentar que no es gens original, arribant a ser bastant simple per acabar amb un final feliç tant típic de les pel·lícules americanes amb el típic heroi guapo que acaba salvant el món i s’acaba quedant amb la noia guapa. Tal qual una seria americana per adolescents com hem anat repetint al llarg del document. En definitiva,  podem interpretar Starship Troopers des de dos punts de vista diferents, únicament com una pel·lícula de ciència ficció o com una crítica a una societat de caràcter totalitarista. 

Esther Huguet