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JUNO

JUNO

 


 

Dirección: Jason Reitman.
País:
USA.
Año: 2007.
Duración: 91 min.
Género: Comedia dramática.

 

Juno, la película, relata la historia de una chica de 16 años que queda embrazada y decide tener el bebé para luego darlo en adopción.

 Este argumento, a primera vista puede parecer el de una película dramática, pero Juno ha estado calificada como comedia aunque trate temas tan delicados como el embrazo no deseado, el aborto, la marginación adolescente o la adopción concertada. El papel de la protagonista, Juno, consigue que una película que tiene todos los ingredientes para convertirse en el típico drama adolescente se convierta en una película amable, con ternura que combina drama con momentos divertidos.

Juno es divertida, sincera, segura de si misma y saca el mayor partido de cualquier situación por dificultosa que sea. Esa actitud delante los problemas que va encontrado y el apoyo de sus padres y amigos, hará que afronte el problema del embrazo con madurez, aceptando desde el primer momento que no es lo suficientemente capaz de hacerse cargo de un hijo a su edad y busca rápidas soluciones para que después de les nueve meses todo vuelva a ser como era.

 

Me gusta el punto de vista desdramatizador que le han dado a la película delante el tema tan crítico que puede llegar a ser el embrazo no deseado a una edad tan temprana, es verdad que hay momentos en la película, bueno en casi toda, que uno se olvida que la protagonista ¡es una adolescente de 16 años embrazada! Aun así, creo que la película no podría estar mejor enfocada; existen muchos otros films que tratan esta misma situación de una manera dramática pero en contadas ocasiones se le da un enfoque positivo.

 

Cierto que el argumento es simple y plano, el único personaje que evoluciona es la joven Juno y su barriga ya que los personajes secundarios únicamente complementan la vida de la protagonista y ayudan a enfatizar más el carácter y la personalidad de esta. El único giro inesperado que da la película es la separación del matrimonio perfecto adoptivo. En primer momento no me gusto el fin de la relación, pero era necesario que sucediera algo aparte del aumento progresivo del embrazo aunque fuera ya casi al final de la película. Algo triste tenía que suceder en la película.

 

Lo mejor de la película es la interpretación de la joven actriz de 20 años Ellen Page.  Borda el papel. Su actuación de adolescente fuerte a la vez de inconsciente y con claros valores es impecable. La película no sería lo mismo con otra actriz. Su actuación es el núcleo que hace que la película sea como es. Toda la historia, la magia de esta historia está gracias a este personaje y en la manera en que lo ha creado Ellen Page.

Juno, la película, tiene muchos diálogos memorables que obligan ha sacar alguna que otra carcajada al espectador.

La banda sonora, fresca y llena de vitalidad es el mejor complemento para que esta película sea aun más emotiva.

Laia Navarro

 

Atrapado por Prison Break

Atrapado por Prison Break

Título original: Prison Break

Emisión en España: 2ª Temporada próximamente en La Sexta
País: Estados Unidos
Año inicio: 29 de agosto de 2005
Género: Drama - Acción
Dirigida por: Paul Scheuring (creador), Fred Gerber y Greg Yaitanes
Guión: Nick Santora
Producida por: Paul Scheuring, Dawn Parouse, Marty Adelstein y Matt Olmstead

Intérpretes: Wentworth Miller - Michael Scofield
Dominic Purcel - Lincold Burrows
Amary Nolasco -
Sucre
Peter Stomare . John Abruzzi
Muse Watson - Charles Westmoreland
Robin Tunney - Veronica Donovan

Inquietante, intrigante e incombustible. Estas tres palabras definen claramente las claves que han hecho de Prison Break (FOX/La Sexta) una de las series más populares en Estados Unidos. Reúne todos los ingredientes de una buena película de suspense, pero con una ventaja adicional, los capítulos duran cuarenta minutos y pueden dejar al espectador en vilo durante una semana.

La serie se centra en un complot político, de esos que tanto gustan a los americanos y de los que se han hecho infinidad de producciones. Sin embargo, Prison Break añade a la trama una enrevesada fuga, componente que convierte el serial en un auténtico cóctel molotov.

Todo empieza cuando encarcelan a Lincoln Burrows, condenado a la silla eléctrica por haber asesinado al hermano de la Vicepresidenta de los EE.UU. Su hermano, Michael Scofield, decide diseñar una meticulosa fuga de la penitenciaría de Fox River, tatuándose todo el torso con anotaciones bien disimuladas del mapa de la prisión. A Michael no le queda otra opción más que ser deteneido y encarcelado en el mismo centro que su hermano, así que roba un banco.

Una vez dentro, los dos hermanos tienen que superar mil y un obstáculos para seguir adelante con su magnífico plan, mientras que en el exterior Veronica, abogada de Michael y exnovia de Lincoln, intenta averiguar quién (y por qué) quería que el hermano de la Vicepresidenta fuera asesinado.

Hasta este punto, Prison Break tiene todo lo necesario para ser un éxito televisivo, y si encima le añadimos que casi todos los protagonistas son de muy buen ver y las complicaciones que atraviesan cada vez están más al límite, es imposible no engancharse.

A pesar de declararme adicto crónico a la serie (me he tragado los 59 capítulos que componen las tres temporadas en tres semanas), creo que las situaciones que llegan a vivir en unos pocos días roza la locura extrema. Cada vez que se arregla uno de los problemas que dificultaba la fuga, surge uno de mayor calibre. Los tatuajes que ayudan a Michael a acordarse del mapa de la prisión cada vez son más rebuscados, hasta tal punto que lleva tatuado el diámetro exacto de un tornillo que le sirve para abrir una puerta.

Puede que sea porque he visto todos los capítulos seguidos, pero creo que los métodos de provocar suspense e intriga en el espectador son muy repetitivos y cargantes. Los puntos de inflexión de cada capítulo están en los mismos minutos y la serie sigue un patrón de “una de cal y una de arena” que canta mucho.

Aún así, tengo que reconocer que Prison Break sorprende por muchas cosas. El típico pensamiento de “este no puede morir porque es el prota”, esta serie se lo pasa por las narices y mata a quien le venga en gana si eso hace que la trama avance. Bravo, Prison Break. Al fin una serie que no duda en cargarse a la guapa, al guapo o al bueno de turno. Además, el recorrido personal de cada uno de los personajes está tan logrado que cualquiera se puede identificar con al menos uno de ellos.

Prison Break es una serie que ha encontrado tan acertadamente lo que engancha a la gente que los que nos hemos enganchado nos damos cuenta de los trucos que emplean. Aún así, el ritmo frenético y la repensadísima trama (que, por el amor de Dios, espero que algún día tenga fin) hace de esta serie un hito dentro del suspense televisivo.

 

Gorka Ortiz de Zárate

Física o Química, el nuevo "Compañeros"

Física o Química, el nuevo "Compañeros"

La acción viene protagonizada por la temática de la adolescencia, la educación y las relaciones que pueden establecerse entre estos temas.

El lugar en el que se desarrolla la trama es un instituto, el mismo que hacia de escenario de la exitosa serie de hace ya unos años Compañeros.

Los personajes principales y secundarios son alumnos y profesores.

El tiempo en el que se enmarca la acción responde a cualquier día que escojamos al azar de este siglo, el nuestro, el XXI.

El capítulo de presentación de la serie estuvo lleno de emociones. La tirada televisiva empieza con un accidente de tráfico y termina con un suicidio. Entre estas dos escenas una profesora y un alumno se han encamado antes de saber que papel les tocaba jugar después de lo ocurrido. Con esta representación, el personaje que juega la profesora de filosofía, Irene, junto a su alumno describe una realidad, ya que pone de manifiesto aquello que muchas profesoras han pensado hacer, han querido hacer o han hecho, simplemente, como en la serie.

Los otros alumnos y profesores presentan perfiles psicológicos variados que ponen de relieve aquello que más se ajusta a la realidad a través de oposiciones de contrarios como la profesora buena y excesivamente tímida, Blanca,  a la que le dan miedo los alumnos, el profesor de gimnasia argentino abierto y atrevido, Jonathan, la agradable directora, Clara,  el exigente jefe de estudios, Adolfo,  y Olimpia la creadora de mal ambiente en la sala de profesores.

En cuanto a los alumnos los perfiles también están interpretados por alumnos rebeldes, el que más Gorka, y por moderados, el que menos Fer quien aún detectando el problema de su amigo no consigue ayudarlo. En medio de la rebeldía y la moderación el grupo de las chicas parece que se situaría en este espacio, a la vez que también lo tiene el alumno Jan de procedencia oriental y quien nos visualizará las ventajas y los inconvenientes que tienen los alumnos inmigrantes en los centros escolares.

En definitiva, una serie de sensaciones, acciones y agitaciones que podremos ver y interpretar a nuestra manera personal y única en función de aquello que no suscite más interés.

 

Elena Triñaque

27 Vestidos, una bona distracció

27 Vestidos, una bona distracció

El significat dels vestits és una bona clau per entendre com es desenvolupa la narració del film. El títol ja defineix el sexe de la protagonista, una dona. Ella és Katherine Heigl, una de las protagonistes de la sèrie de metges 'Anatomía de Grey'. L’actriu deixa el vestuari blanc i blau de doctora per passar a portar 27 vestits de dama d’honor. Assisteix a totes les bodes que les seves amigues li demanen. Amb una pluralitat d’estils, de companyia i amb diferents motius de celebració, ella no hi falta mai. D’aquesta manera ostenta el títol de “perfecta dama d’honor”. La importància que té en ella el fet de pensar en els altres fa que tot allò anhela es reprimeixi,s’aturi i es congeli, sense que ella gairebé se n’adoni. Realment tot allò que fa pels altres és el que voldria fer per ella.

El gust personal per les bodes i tot allò que rodeja aquest gran esdeveniment la porta a col·leccionar uns articles d’un interessant escriptor i periodista. Aleshores es presenta a l’espectador, el segon protagonista del film. Un home que odia les bodes i no creu en el matrimoni perquè una experiència passada va marcar i va posicionar el seu punt de vista.

A ella li encanta formar part de les bodes. Dibuixa mentalment i imagina cada detall del seu futur moment. A ell, no li agraden.

Així doncs, ell i ella projecten una oposició de contraris i una barreja de sensacions que perfectament s’intercalen, es combinen i es compatibilitzen a mesura que avança la narració.

Tot i l’habitual presència de la música, en aquest tipus de celebracions , com a símbol de festa, no abunda la perfecta conjugació de música i imatge en la successió d’escenes.

Ells dos són els personatges principals que la guionista de la pel·lícula El Diablo se viste de Prada dissenya.

Les similituds entre els dos films hi són presents en quan a l’elecció del personatge femení com a protagonista, a la projecció de l’empresa a l’estil nord-americà: una revista femenina de moda de les més clamoroses de Nova York en el cas de El Diablo se viste de Prada i la redacció del important diari nord-americà The New York Journal en el cas de 27 vestidos. La guionista en els dos films ha projectat algunes de les dificultats que suposa ser periodista en l’era actual. En l’anterior film el personatge femení, que es deia Andrea, fa d’assistent personal de la protagonista fins que es planteja si ella ha estudiat per portar l’agenda d’una persona que amaga la seva autèntica personalitat sota la capa de diable. I en el film actual, el periodista ,Kevin o Malcom, es sent atrapat en la secció de les bodes i el seu reportatge de sortida no és potser, en termes estrictes, una bona execució de l’ètica professional.

La pel·lícula s’emmarca en el gènere de comèdia romàntica, però les rialles que el públic de la sala van deixar anar no van ser molt presents. El film és entretingut i té punts de diversió. Tot i el ritme poc energètic, que planteja al llarg del discurs cinematogràfic, al final pren una empenta que resulta més intensa que la resta d’escenes.

Elena Triñaque

Bienvenid@

Bienvenid@

ClacK, ClacK, ClacKeta!

BINOMIS, Obra social LA CAIXA

BINOMIS, Obra social LA CAIXA


Música + lletgismes
Stanislau Verdet + Crustacis Homologats

Que alguien suba a un escenario acicalado con un peinado "retro" y comience a recitar chistes no es nada nuevo. Que se rodee de una decena de instrumentos y dé la bienvenida al público tampoco nos sorprende. Ni siquiera parece extraño que la taquilla espante al público desinteresado y el aforo de la sala se reduzca a un par de devotos, un periodista despistado, dos aburridos enamorados, tres agarrados invitados, y una señora de ochenta años que llega con retraso. Diez minutos. Precisamente el tiempo que tardó en romperse la previsibilidad, o sea, la predecible rutina de estos acontecimientos boicoteados por sus propios profetas: los “guays”.

El ciclo Binomis organizado por LA CAIXA invitó a Estanislao Verdet y cuatro músicos agrupados en la banda Crustacis Homologats a subirse al escenario, para presentar su último trabajo, Un que de llest és tonto i un que de tan tonto és llest (uno, que de feo es tonto, y que de tonto que es feo). De paso, destaponaron lo más rancio de un par de puñados de mentes que, por gusto o casualidad, actuaron de público. El artista (Paul Vallvé) presentó la enésima gota de la esencia del postmodernismo: el lletgisme; Abstenerse los clásicos y puristas: se trata de darle otra vuelta a la liberación de la creatividad, “la pasión por lo feo, lo cutre y ridículo como método de expresión”.

Uno puede imaginar el pensamiento de aquella señora que pospuso la vejez, cuando Estanislao comenzó sólo en el escenario, disculpándose por el retraso y haciendo música mezclando ritmos producidos por sus propias manos. Los ritmos se repetían a modo de bucle, mientras él comenzaba uno nuevo y dejaba sonar el resto en el ambiente. Se las apañó para componer la primera canción, con melodía incluida y dejando que la decena de instrumentos que le acompañaban fueran meros testigos. El primer contacto fue, cuando menos, inesperado y singular. Una puesta en escena insólita e interesante.

“¿Hay alguien entre el público que sepa tocar algún instrumento?”, fue recluyendo sus compañeros desperdigados en la sala. El estribillo de la primera pieza: “que mierda de canción, la letra no hace más que repetirse”; el argumento de la segunda: “el perro Rodolfo”; el leit-motiv de la tercera: “soy adicto al fluimocil”; y el mensaje de la cuarta: “los doblajes de TV3 son de pena”… y así sucesivamente, sin ser nuestra intención desvelar las sorpresas del espectáculo. Letras, pues eso, ridículas, feas, e incluso estúpidas para aquellos que todavía no se hubieran adaptado al buen ambiente creado en la sala gracias al humor exquisito del trovador. Piano, saxo, xilófono, un puñado de guitarras, un bajo, y la percusión digital del protagonista. Gotas de mucha improvisación, sobre todo en los discursos y frases apologéticas, para cocinar un experimento musical con melodías pegadizas a capela y ritmos variados: desde un vals hasta música africana. Ese fue el menú que la octogenaria señora degustó sin rechistar.

¿Qué estarían pensando los enamorados, los despistados, el profesional, y la jubilada? Probablemente pensaban que le paguen a alguien por hacer el gilipollas es un privilegio. O que hacer el ridículo y quedar bien, pasárselo bien y ser entretenido, es una virtud. O que inventar un nuevo humor, hacer reír al público bajo el tufo del postmodernismo sea una capacidad de ese elegido. O que merece la pena dar una oportunidad a las nuevas formas creativas y dejarse de prejuicios. Los que no pudieron juzgar ni disfrutar fueron los guays, y los freaks; o los que son freaks y guays a la vez. Pero tampoco se les echó de menos.

Julen Orbegozo